Con o sin raíz, distintos tonos de verde, distinta resistencia...

Antes de elegir el árbol de Navidad, toma medidas. No es lo mismo tenerlo en un rincón del comedor que en el hall de un edificio, y no todas las casas son igual de altas. Mide bien para que no quede ni demasiado apretado entre muebles ni se vea demasiado solitario.

¿Qué harás con él después de Navidad? ¿Guardarlo en el trastero para el año que viene? Necesitas un árbol artificial. ¿Plantarlo en el jardín cuando acaben las fiestas? Entonces busca uno natural y con raíz. Los que no tienen raíz, procedentes de plantaciones ecológicas, se convierten en compost al acabar su cometido decorativo. Y si te decides por un ejemplar natural, debes saber que los hay en distintos tonos de verde: verde vivo, oscuro, azulado o una combinación de verdes. También los hay más brillantes o menos, y algunas especies son más resistentes que otras a las condiciones de temperatura y humedad del interior de las casas. Porque hay que recordar que son árboles y que necesitan humedad, algo que las calefacciones en invierno no suelen conservar muy bien.

Si eliges un árbol artificial, seguro que encuentras lo que necesitas: colores distintos, decorados, con nieve, con purpurina, de aspecto natural… ¡Hay de todo!