Si tienes un jardín, tienes restos vegetales que puedes usar para enriquecer tus plantas. Súmale algunos restos de la cocina ¡y ya lo tienes!

La mala prensa del compostaje casero es sólo eso: mala prensa. Se dice que huele mal, que es un lío lo que se le puede añadir y lo que no, que tampoco sirve de nada... Todo fruto del desconocimiento o, en el mejor de los casos, de una mala experiencia al probarlo y equivocarse. Pero todos nos equivocamos alguna vez, y no siempre nos tiene que salir todo bien a la primera, ¿no? Si éste es tu caso, nos atrevemos a pedirte que le des una segunda oportunidad al compostaje. Si tienes dudas de cómo realizarlo correctamente, en los centros Jardinarium te podemos aconsejar. Si lo deseas, existen compostadoras térmicas que facilitan y aceleran el proceso, haciéndolo mucho más efectivo que el de las tradicionales pilas abiertas de residuos (y además a nosotros no nos parece que esas pilas queden muy bonitas en un jardín). Y ahora, un dato curioso para acabar de animarte: ¿sabes que si se compostaran los residuos orgánicos de todas las cocinas y jardines, se ahorraría un 40% de la basura que se quema o se arroja a los vertederos?

El compost es un producto casi milagroso para el jardín. El llamado “compost rápido”, oscuro, con grumos y muy rico en nutrientes, está listo tras unas ocho o diez semanas. Mezclándolo ligeramente en la tierra, crea junto con los minerales de arcilla presentes en el suelo un humus duradero y muy valioso, y el suelo consigue una estructura ligera y suelta. También puede aplicarse en forma de capa de mantillo de varios centímetros, para impedir el crecimiento de las malas hierbas, evitar que el suelo se seque y proteger de los cambios de temperatura.

 Para hacer tu compost, puedes utilizar la mayoría de restos del jardín: follaje caído, restos de los recortes de setos, plantas vivaces y césped, restos marchitados, ramas finas o las grandes cortadas en trozos pequeños, tierra sobrante de cambiar plantas de macetas, cenizas de madera... De la cocina pueden emplearse los restos de frutas y verduras frescas (sin cocinar), los filtros de café y las bolsas de té.