Un mundo de sabores que crecen bien en macetas y contenedores.

Los frutos del bosque representan un grupo de bayas comestibles muy apreciadas tanto por su valor ornamental como por su uso culinario. Abarcan especies bien distintas, pero con mucho en común: son arbustos, necesitan un sustrato húmedo pero bien drenado, prefieren las temperaturas suaves sin picos de calor extremo ni heladas tardi?as (algunas son bastante rústicas), toleran y en algunos casos incluso necesitan sombra (con dos o tres horas de sol directo les basta), y exigen protección contra el viento.

El cultivo en maceta favorece su traslado a zonas más aptas según la época del año. Prefieren que el contenedor sea amplio y profundo para mantener las raíces frescas. Acolchar el sustrato con paja o corteza de pino impide la pérdida de humedad del sustrato.

Para obtener una buena cosecha, se riegan abundantemente desde el momento en que florecen y fructifican. Después se reducen los riegos para que descansen y se endurezcan. Se abonan con fertilizante para frutales. Algunas son adecuadas para formar setos productivos y decorativos. La recolección se hace a mano y de forma selectiva según la madurez del fruto, el color y el tamaño.