Por estética, claro, pero sobre todo por una mayor eficiencia.

Un huerto necesita dedicación, así que lo más adecuado es comenzar por uno pequeño e ir ampliándolo en años sucesivos, ya sea en el suelo como en contenedores. Si vas a iniciar un huerto en el suelo o en camas de cultivo, conviene que distribuyas el espacio en parcelas: cuarterones de 1,20 x 1,20 metros, o rectángulos de 1,20 de ancho, lo que te facilitará acceder a las plantas sin pisar nunca las zonas de plantación. Entre estos espacios debes mantener caminos de un mínimo de 60 centímetros de ancho. Esas parcelas te facilitarán la rotación de los cultivos que persigue un mejor aprovechamiento de los nutrientes del suelo. Algunos contenedores grandes, como los cajones y mesas para huerto cuentan con separadores para ayudarte a ordenar y rotar los cultivos, aunque al albergar menos sustrato podrías renovarlo con facilidad cada vez que inicies un cultivo.

Recuerda las cuatro familias de hortalizas que debes rotar anualmente, y no las plantes nunca juntas porque demandan los mismos nutrientes: solanáceas (tomates, pimientos, berenjenas, patatas), legumbres (guisantes, habas, judías, garbanzos), la familia de las coles (repollo, coliflor, brócoli) y las cebollas u hortalizas de raíz (puerros, zanahorias).